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Jengibre y cúrcuma

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El jengibre y la cúrcuma son dos especias comunes con amplias virtudes terapéuticas que superan a la mayoría de las plantas medicinales en su uso en enfermedades crónicas.

 

 

Antiguamente, el jengibre era utilizado únicamente en el alivio del malestar gastrointestinal por sus efectos carminativos (eliminación de gases intestinales) y espasmolíticos  ya que relaja y alivia el tracto intestinal, pero la investigación científica moderna ha revelado sus efectos estimulantes, antioxidantes y antiinflamatorios. Incluso, se ha comparado con la aspirina para aliviar el dolor, resultando que se requiere menor dosis para su alivio y sin efectos secundarios puesto que el organismo humano reconoce lo que le es propio y lo incorpora rápidamente al sistema orgánico.

El jengibre se puede encontrar en diferentes presentaciones, polvo, cápsulas, raíz fresca y gotas.

Para las náuseas, gases o indigestión se recomienda hacer una infusión con 2 – 4 gramos de raíz, o diluir entre 15 y 30 gotas en medio vaso de agua, al día.

Para prevenir los vómitos tomar un gramo de jengibre en polvo (1/2 cucharadita) cada 4 horas y no más de 4 dosis al día.

También se puede masticar un pedazo de jengibre fresco cuando sea necesario.

Las mujeres embarazadas no deben tomar más de 1 gramo al día y no debe darse a menores de 2 años.

Entre las otras propiedades del jengibre tenemos:

ANTICOAGULANTE:  mezclado con extractos acuosos de cebolla y ajo disminuye la agregabilidad plaquetaria. Por esto, no debe tomarse con anticoagulantes.

ANTIINFLAMATORIO: La inflamación es una respuesta natural del cuerpo que desaparece a medida que el cuerpo se cura. Uno de los componentes fenólicos activos del jengibre, el 6-gingerol,  inhibe significativamente la producción de óxido nítrico y atenúa considerablemente el agotamiento de las reservas de glutation, uno de los antioxidantes más importantes producidos por el cuerpo humano.

ANTIMICROBIANO: por su contenido de alcaloides, saponinas, taninos flavonoides y terpenoides.

HISTORIA

El jengibre es nativo de Asia, donde se ha utilizado como una especia de cocina durante al menos 4,400 años. Llegó a Estados Unidos después del descubrimiento de América y ya para el año de 1547, se exportaron 22,053 quintales (1 quintal=46 kilos). Se ha mencionado en antiguos escritos orientales de China, India y Oriente Medio siendo apreciado por sus propiedades aromáticas, culinarias y medicinales.

Su cultivo requiere agua caliente, ambientes húmedos y sombreados y crece mejor en un suelo muy fértil, ya que necesita una gran cantidad de nutrientes.

Siempre que sea posible hay que elegir el jengibre fresco ya que contiene mayores niveles de gingerol y de proteasa (un compuesto antiinflamatorio). Almacenado sin pelar en el congelador, se mantendrá durante un máximo de 6 meses y su presentación en polvo debe guardarse en un recipiente de vidrio bien cerrado en un lugar fresco, oscuro y seco.

DESCRIPCIÓN

El jengibre es una raíz perenne y aumenta de tamaño bajo tierra. En primavera sale el tallo que alcanza los 2 metros de altura, con hojas lanceoladas estrechas y mueren al año.

El tallo floral sale directamente de la raíz y en cada punta sale una flor amarilla o blanca.

Los vástagos salen del rizoma (tallo subterráneo) en la base de la planta.

El rizoma parece una mano hinchada y es donde están sus propiedades medicinales. La carne del rizoma puede ser amarilla, blanca o roja según la variedad y su sabor es aromático, picante, caliente y penetrante, pero estas propiedades se pierden con el tiempo. El compuesto 6-gingerol parece ser el responsable de su característico sabor.

El nombre científico de la planta, Zingiber officinale, se deriva del sánscrito Zingabera, que en griego y árabe significa “en forma de cuerno”.